ADVERTENCIA

Este blog contiene elementos de lenguaje,salud, sexo y violencia que no debe ser leído por niños, niñas y adolescentes y tampoco por personas que consideren ofensivo su contenido

lunes, 9 de enero de 2012

Ya no es lo mismo

Hace cuatro años y medio que empecé en este mundo. Aún recuerdo como si fuera ayer el 8 de agosto de 2007 cuando estuve, por primera vez, sobre las rodillas de un Spanker real recibiendo mi primer castigo. ¡Me sentía en las nubes! Y durante los siguientes días no dejaba de maravillarme cómo, cada vez que me sentaba y sentía el dolor en mis nalgas o me miraba al espejo y veía los moretones que me habían quedado, podía revivir cada una de las sensaciones experimentadas durante el castigo.

¡Cómo me encantaba esa sensación! Recuerdo una vez que Rafa me llevó a una reunión luego de una tunda y no me senté en toda la noche porque simplemente no podía.

Pero ahora ya no es así. Con el tiempo, para bien o para mal, mis nalgas cambiaron y como se titula este post ya nada es igual.

Ahora los azotes parecen ser más dolorosos en el momento en que los recibió, pero por más azotes que reciba el dolor se disipa casi instantáneamente. Ya no hay correa, rebenque, vara o fusta que logre que mi trasero se sienta adolorido aún a minutos después de la paliza.

Esto a Rafa parece gustarle, porque citando a mi queridísimo Kurt, es un “Lazy Dom” que le gusta obtener el mismo resultado con menor esfuerzo, pero siento que algo me falta. Envidio a las nuevas spankees y sumisas que presumen por Twitter de sus moretones y del dolor que sienten después de un castigo y añoro esa época maravillosa donde yo formaba parte de ese grupo.

¿A alguien más le ha pasado? ¿Saben si existe alguna forma de recuperarlo?

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