ADVERTENCIA

Este blog contiene elementos de lenguaje,salud, sexo y violencia que no debe ser leído por niños, niñas y adolescentes y tampoco por personas que consideren ofensivo su contenido

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Rafa, el sexo y yo

Ok, esta entrada es para aclarar algo que me han preguntado hasta el cansancio: ¿Por qué Rafa y yo no tenemos relaciones sexuales?. Es un tema complicado que trataré de desglosarlo y aclarar la mayoría de las dudas.

Las condiciones en las que conocí a Rafa no eran las más adecuadas para confiar ciegamente en él y supongo que para que yo estuviese más tranquila con respecto a un encuentro él prometió que sería una relación exclusiva de spanking disciplinario y que el sexo quedaría fuera del castigo si yo así lo decidía. Obviamente no ha sido algo fácil ni para él ni para mí. Requiere una fuerza de voluntad de hierro y la verdad lo admiro por eso. No sé para quién ha sido más difícil, si para él o para mí... aunque yo creo que para él. En especial durante los últimos castigos en los que por mi malcriadez extrema me ha ordenado quitarme toda la ropa porque, como dice él (y yo lo apoyo), la verguenza y la humillación son parte esencial de todo castigo.

No voy a mentir, la situación se ha ido poniendo más intensa día a día. Yo sé que él se excita muchísimo con esto y yo... bueno, basta decir que he descubierto que puedo tener orgasmos durante un castigo. Puede que haya personas que no lo crean pero juro que estoy siendo honesta.

Ahora bien, sigue la pregunta ¿Por qué no ha habido sexo después de que ya nos conocimos? Hay personas que me han dicho que se nota que entre Rafa y yo hay una conexión más allá del spanking... y sí la hay. Precisamente esa era mi principal razón. Como ya he dicho antes Rafa es un hombre maravilloso con un montón de cualidades... llevo poco tiempo conociendolo pero por lo poco que conozco de él se perfila como el hombre ideal, al menos para mí. Él dice lo mismo de mí y yo le contesto que eso es porque no me conoce bien... El caso es que a partir de eso puedo dividir mi decisión de no levantarle la promesa en dos razones:

La primera razón es que sé que una vez que el sexo se haya incluído en esta relación voy a perder el poco control que puedo tener. Aunque Rafa siempre diga que al final la spankee siempre va a tener el control de la situación, quiero ver que alguna intente llevar el control cuando su spanker tiene el cinturón en la mano. Además, le decía a Rafa que en el momento en que estuviésemos juntos, sexualmente hablando, ya él no sería mi spanker... sería mi señor. Yo sería total y completamente suya y eso es algo que me daba pánico porque jamás me he entregado a ese grado. Lo que me lleva a mi segunda razón:

En mi experiencia el sexo tiene dos consecuencias: o hace que te conectes más a esa persona o hace que comienzes a sentir una aversión hacia él. Al menos para mí ha sido así. Aunque realmente no me preocupaba sentir aversión por Rafa, lo que más me preocupaba era enamorarme de él, de sentir algo que me pueda herir.

Ahora bien ¿A qué se deben todas estas disertaciones? Bueno, les cuento... como les comenté las cosas están bastante tensas en el ámbito sexual entre Rafa y yo. El lunes pasado me ordenó desvestirme completamente por primera vez y se podrán imaginar que fue muy difícil mantener el control; sin embargo, caballero como es, Rafa se comportó a la altura aunque a veces rozaba mi seno, más para humillarme que por otra cosa.

Ese día después de la paliza nos fuimos a una reunión en casa de uno de sus amigos. De más está decir que no me senté en toda la noche aunque, a pesar de que las nalgas me ardían, no pude evitar aprovechar un poco la situación amenazándolo con delatar su secreto. "Ojalá tus amigos me pregunten cómo nos conocimos para contarles", "Ale, no se te ocurra porque ahí sí de daría la paliza de tu vida", "¿Por qué? Una de las reglas que TÚ me pusiste es que jamás debo mentir", "Alejandra: Hazlo para que veas...". Obviamente no dije nada pero fue divertido retarlo. Me dio un par de nalgadas cuando nadie veía y eso fue todo... hasta que me dejó en mi casa. Recuerden que mi trasero había quedado muy maltratado, porque Rafa había tenído mi primer encuentro con la cuchara de madera (la misma que usaba al principio para azotarme yo misma en nuestros castigos virtuales). Definitivamente odio la madera...

Obviamente mi acto de rebeldía no se iba a quedar sin castigo y allí mismo en el carro en una calle obscura me dió el castigo que me merecía por mi altanería. Se podrán imaginar que yo no soportaba más así que le rogué que por favor se detuviera. Su respuesta: Cinco azotes fuertes con la cuchara para que aprendiera bien la lección. Colocó el respaldar del asiento inclinado hacia atrás y me ordenó que me recostara sobre él. Los debía contar y dar las gracias... De más está decir que fue horrible y después de esos cinco azotes me abrazó y me recordó que eso lo hace por mi bien. Sin embargo en medio de ese abrazo ocurrió lo que secretamente había deseado tantas veces: Nos besamos.

Fue un beso mágico, como sacado de una película. No sé si fue la situación o las ganas acumuladas pero realmente fue maravilloso. Jamás había dado un beso tan intenso ni tan perfecto. Rafa no intentó más nada, supongo que por miedo a arruinar el momento. Ahora bien, como entenderán las cosas se han complicado...

Mi último castigo, fue mucho más intenso... fue el sábado y yo estaba otra vez desnuda... Esta vez Rafa fue mucho más allá. Me pasó frente a un espejo y me hizo verme mientras recorría mi cuerpo con sus manos y me repetía: "Tú eres mía, todo esto es mío"... ¿Cuántas veces no hemos querido escuchar eso de alguien? La verdad me excitó muchísimo y lamento no haber tenido el valor de pedirle que me terminara de hacer suya. En el momento en que lo pensé ya era muy tarde y teníamos que irnos porque iban a cerrar el estacionamiento.

Después de esto Rafa y yo hablamos y le levanté la promesa. Aún no hemos tenido la oportunidad de aprovecharlo, pero me imagino que será muy interesante porque hace poco fue su cumpleaños y le prometí que me iba a disfrazar de colegiala ya que sé que es una de sus fantasías.

No les voy a decir que no sigo teniendo miedo... pero ya menos. Tenía miedo a quererlo y ya lo quiero así que ¿Para qué seguir postergando lo que tanto hemos deseado? Sé que voy a salir herida, pero, como Rafa me hizo entender, yo no soy la única que se arriesga a enamorarse... Ya veremos qué pasa...

Cabe destacar que no sé si Rafa sabe lo mucho que lo quiero y todo el cariño que le he agarrado durante este tiempo... supongo que se lo he demostrado aunque no se lo diga, y si no lo sabe, lo sabrá al leer esto. Siempre le digo que me encanta y la verdad sé que ya no hay vuelta a atrás... Veo el dolor venir y no me importa, es un riesgo que voy a correr....

lunes, 24 de septiembre de 2007

¿Qué será del futuro?

Antes que nada quiero agradecer a Rafa su apoyo en esta aventura de escribir sobre nuestras experiencias y por haber decidido participar haciendo su aportes porque, como dije antes, también me llama la atención saber qué pasa por la mente de un spanker...

Ayer, hablando con un amigo sobre el spanking me preguntaba si yo estaría dispuesta a vivir toda la vida en una relación de DD ¿Qué pasaría si yo me casara con un hombre spanker? o más aún ¿Cuánto tiempo aguantaría estar en esta situación?. Slater piensa que esto es nada más una etapa y que se me va a pasar, a lo que no puedo menos que reirme porque si es una etapa, es una etapa que me ha durado toda la vida. Si bien es ahora que la estoy viviendo a plenitud, cada día que pasa me convenzo más de que sin el spanking ya no puedo vivir.

Hace unos días le comentaba a Rafa que me preocupa mucho mi adicción al spanking, porque después de haberlo probado dudo que pueda volver a tener una relación "normal". Su respuesta fue: "Bienvenida a mi mundo". Y me di cuenta que para él también debe ser difícil. Inconcientemente asumí que para él es más sencillo porque muchas mujeres tenemos la fantasía y el deseo de que un hombre nos domine en mayor o menor grado. Obviamente habrá mujeres que no estén dispuestas a recibir unos buenos correazos en la posición en cuatro (de perrito)... lo cual entiendo porque, hasta ahora, es la posición que menos me gusta (por no decir que la odio) por el grado de humillación que tiene al mostrarle a Rafa más de lo que estoy acostumbrada a mostrar y porque realmente los azotes duelen más en esa posición. Sin embargo estoy convencida que todas, o casi todas las mujeres ya que la excepción hace la regla, le gusta que le den unas nalgadas de vez en cuando durante el sexo. Pero ¿Cómo hace un spanker o una spankee para decirle a su pareja lo que siente? Hablándolo obviamente, pero no es tan fácil... Yo sólo se lo dije a dos de mis novios, pero eso no quiere decir que hayan sido las únicas relaciones que he tenido.

El caso es que nos enfrascamos en una discusión de si era más fácil para nosotras o para ellos... Yo argumentaba que para ellos es más sencillo ir llevando a la pareja poco a poco desde unas nalgadas durante el sexo a un juego de nalgadas hasta poder hablarlo directamente, en cambio una spankee tiene que pedirlo expresamente, tiene que hablarlo directamente porque por más indirectas e insinuaciones que una haga, los hombres generalmente no entienden. Sin embargo Rafa dice que es más fácil que una mujer lo pida porque su pareja siempre intentará complacerla (eso es relativo y la prueba está en la primera entrada), en cambio si ellos hacen lo mismo corren el riesgo de ser vistos como unos pervertidos, sádicos y agresivos... Al final no llegamos a ningún acuerdo.

Definitivamente estoy de acuerdo con Rafa en que lo mejor es la comunicación... pero no es tan fácil hablarlo abiertamente. Lamentablemente vivimos en una sociedad llena de prejuicios y tabúes y tocar estos temas se hace muy difícil. Rafa dice que no entiende cómo yo puedo hablar de esto con algunos de mis amigos.. también dice que doy demasiados detalles.. supongo que como es un viejo no es tan abierto con respecto a su vida privada. (Lo de viejo es una broma)

Para contestarle a Slater ¿Me gustaría casarme con un spanker? Sí, no tengo la menor duda... ¿Encontraré a alguno? No lo sé. Es un tema que realmente me preocupa y sé que a Rafa también... Quién sabe qué nos deparará el destino.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Mi primer castigo real

Gracias a Dios encontré el archivo del que les había hablado antes de que Rafa me ordenara transcribirlo. Este archivo fue una tarea que me colocó Rafa y que, al ordenarmelo, me dio mucho fastidio y no la entregué el día que debía, lo cual obviamente me hizo acreedora de una buena tunda de la cual les contaré en otro momento. El relato explica con bastante detalle como fue mi primer castigo y según Rafa me saqué un 20... aunque eso no redimió el hecho de haber desobedecido la orden explícita de entregarla el día que estaba pautado.

El relato es el siguiente, espero que lo disfruten:

“Estoy llegando” me dijo. Mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido. No sabía que esperar y por un segundo pensé en inventar alguna excusa para librarme del rollo en el que me había metido; sin embargo, la curiosidad y el orgullo pudieron más que el miedo que me daba el encontrarme con el spanker que había conocido por Internet y con el que había acordado verme para recibir una buena tunda.

No puedo decir que no me mereciera la paliza que iba a recibir. Mi comportamiento esa semana me había hecho acreedora de varios castigos a lo largo de toda la semana. Castigos que, hasta el momento, me los daba yo misma y él los supervisaba a través de la cámara en Internet. El intercambio de todos esos castigos por uno sólo real ya no me parecían tan buena idea. Al fin y al cabo, no sabía qué tan severo y agresivo podría ser en realidad. Sin embargo ya lo había conocido personalmente y no me pareció el típico loco que uno se encuentra en una página de spanking.

Salí y me monté en el carro. Me preguntó si estaba totalmente segura de lo que estaba haciendo. Tuve la tentación de decirle que no pero, como dije anteriormente, mi curiosidad podía más. El camino fue bastante cordial, hablamos de temas variados y hasta bromeamos. Era muy difícil imaginarlo regañándome e incluso castigándome debido a su cara de niño ¡Qué equivocada estaba!

Llegamos a su oficina, abrió la puerta y me dejó pasar. En ese momento recordé que había dejado en la casa la cuchara de madera que me había ordenado llevar, sabía que eso iba a ser un castigo adicional así que decidí no decir nada rogando que no se acordara. Estaba muerta de miedo pero mi orgullo no me dejaba demostrarlo. Me enseñó el lugar y me dijo que me sentara frente a él. Nuevamente me preguntó si estaba segura... Era el momento definitivo, sabía que si aceptaba no había marcha atrás y que tenía que aguantar hasta que él decidiera que era suficiente si no quería que fuese peor. “Estoy aquí por algo ¿No?” fue mi respuesta. Por un momento pensé que se iba a molestar por contestarle de esa manera pero no fue así. Supongo que él estaba tan nervioso como yo. Lamentablemente sí se acordó de la cuchara, pero no me dijo el castigo que me había ganado por dejarlo.

Me regañó por mi comportamiento mientras me pegaba con su mano, me recordó todas las faltas que había cometido y el castigo que iba recibir: una buena sesión de nalgadas y 20 correazos. No pude evitar reírme, me hacía gracia lo absurdo de la situación. Varias veces habíamos hablado de lo que nos gustaba del spanking y, sin duda alguna tengo que admitir que lo que más me gusta es el principio… la tensión y la angustia de no saber qué es lo que viene, o de saberlo y estar consciente de que no se puede hacer nada. Esos momentos antes de ser azotada son inigualables y cada gesto, cada palabra, cada orden y cada mirada provocan las mismas sensaciones que provocarían caricias en otras circunstancias.

Me colocó sobre sus rodillas y me pegó varias veces, no muy fuerte pero sí con un ritmo constante. Me levantó y me dijo: “Quítate los pantalones, dóblalos y colócalos sobre la mesa”. Sabía que el castigo iba a ser sin pantalones, ya habíamos acordado que por ser el primero no me iba a quitar la ropa interior siempre y cuando llevara un hilo puesto. No obstante, el tenerlo en frente y pensar que me iba a ver en ropa interior me avergonzó e intenté resistirme. Unos azotes fuertes en las nalgas me dieron a entender que no iba a aceptar desobediencias, así que hice lo que me había pedido.

Con calma examinó mis nalgas y las sobó lentamente. Lamentó tener que castigarlas tan severamente pero me recordó que yo me lo había buscado. Me dijo que me colocara nuevamente sobre sus rodillas, lo cual obviamente es más humillante a que te obliguen a hacerlo, pero sabía que no debía resistirme o sería peor. Ya en sus rodillas con mis nalgas expuestas me recordó lo que me esperaba y sin más, comenzó a azotarme. Al principio no fue tan mal, era hasta divertido pero poco a poco la temperatura de mi trasero comenzó a elevarse y lo que era un dolor placentero comenzó a ser un dolor real. De vez en cuando, se detenía y me ordenaba levantarme para examinar mis nalgas o bien dejarme parada mirando a la pared mientras él tomaba agua y descansaba un poco.

Después de muchas nalgadas, las cuales me fueron imposibles contar, finalmente se detuvo, no sin antes hacerme saber que serían los últimos azotes con la mano y darlos especialmente fuertes. Las nalgas me ardían y me dolían, pero sabía que aún no se había acabado: faltaba lo peor: la correa. Otro rato mirando a la pared sirvió para aumentar la agonía de lo que me esperaba y sabía que lo que había sufrido no era nada comparado con los veinte azotes que iba a recibir.

Con mucha calma y sin decir nada me condujo hasta la otra habitación y me ordenó recostarme sobre el escritorio. Se puso frente a mí y lentamente se quitó el cinturón de cuero negro y grueso; lentamente lo dobló y mi cuerpo se estremeció cuando lo hizo sonar. Sabía que no iba a ser una experiencia agradable, y a la vez sabía que nada me iba a salvar de eso. Yo había aceptado recibir el castigo y nadie me había obligado a estar ahí.

Los primeros diez correazos fueron horribles, pero aguantables. Después de esos me obligó a sentarme sobre sus rodillas mientras me regañaba y me recordaba que eso lo hacía por mi bien. El comentario me dio risa lo que me ganó 3 correazos más. Debí haberme quedado callada. En ese momento se acordó de mi falta al haber dejado la cuchara que me había ordenado llevar. Pero, para ser condescendiente, me dejó decidir entre 25 correazos el sábado siguiente o 5 más ese día y 12 el sábado, siempre y cuando tuviese que escribir unas líneas ese día.

Él sabía lo que yo detesto escribir líneas. ¡No lo soporto! Por eso lo hizo. Estábamos hablando de 8 correazos menos y divididos en dos tandas. Pero tenía que escribir líneas… Mi cuerpo me decía: ¡Agarra las líneas! Pero mi orgullo no me dejaba. Como no sabía que contestar me levantó y me llevó nuevamente a la posición anterior para darme los próximos 10 azotes. Cada golpe me parecía peor que el anterior y podía sentir como mis nalgas, ya bastante rojas por la tunda, podían escocer al más mínimo roce del cuero. Al finalizar se detuvo otra vez y me preguntó cuál era mi decisión.

Sabía que estaba disfrutando el verme debatir entre lo lógico y mi orgullo. Sin embargo después de 20 correazos mi orgullo ya no era tan fuerte como al principio. Elegí las líneas. Pero aún me faltaban 8 correazos más… ¡Qué agonía! Nuevamente a la posición original. “Estos van a ser los más fuertes”. Tenía que contarlos, dar las gracias y pedir el próximo. Como si contarlos y dar las gracias no fuese ya lo suficientemente humillante, pedir el siguiente ¡era el colmo¡ Pero no me atreví a discutir. Cuando dijo que iban a ser los azotes más fuertes no mentía. Hasta ahora había mantenido la posición por orgullo pero a cada azote era cada vez más difícil. “veinticuatro, gracias señor, por favor déme otro”. Faltaban sólo cuatro y ya no aguantaba más, pero no podía decir que no podía, igual no iba a servir de nada. Sin embargo ya no podía mantener la postura con los golpes y una o dos veces me levanté por completo. El último azote fue realmente fuerte. Mis nalgas no sólo ardían sino que podía sentir como palpitaban las marcas que me había dejado el cinturón y que posteriormente se convertirían en morados que tardaron más de una semana en desaparecer.

Me levanté y me obligó a besar el cinturón. Me hizo pedir perdón por mis faltas y asegurarle que de ahora en adelante sería una niña buena, obediente y que no volvería a ser malcriada. Me llevó a la otra habitación y me dijo que me sentara, ¡No podía sentarme! Él lo entendió y me dejó otro rato arrodillada mirando a la pared. Mientras estuve en esa posición puede ver cómo buscaba una hoja y un bolígrafo y escribía algo en ellos. Con todo lo que había pasado ya se me había olvidado lo de las malditas líneas.

Después de un tiempo que se me hizo interminable me ordenó levantarme y sentarme en la silla. Me costó mucho encontrar una posición en la que pudiese permanecer sentada ya que me dolía muchísimo, especialmente mi nalga derecha. Sin embargo, no quería darle la satisfacción de saber cuánto me dolía así que intenté disimularlo lo mejor que podía. Ahí estaba, escrito en la hoja lo que tenía que copiar 20 veces: “Soy una niña malcriada y mal portada que debe ser castigada con muchas nalgadas” ¡Aparte tenía que admitir que era malcriada y que me merecía los azotes! ¿Dónde quedaron las líneas de “No debo ser malcriada”? Escribí las líneas una a una juntando el poco de orgullo que aún me quedaba para no hacer ninguna queja ni ninguna expresión facial que denotara mi incomodidad. Finalmente terminé y se las entregué para que las revisara.

“Muy bien, ¿ves que bella te ves cuando eres una niña buena y obediente?” Revisó nuevamente mi trasero adolorido antes de ordenarme que me vistiera. Mientras lo hacía me repetía cómo debía comportarme de ahora en adelante y me hacía repetir todo lo que decía. Un par de nalgadas para confirmar que todo había quedado claro y nos fuimos.

De más está decir que me costó mucho sentarme en el carro, él lo sabía pero no decía nada. Tenía una sonrisa en el rostro mientras miraba de reojo como buscaba acomodarme en el asiento. Me dejó en mi casa y al llegar no pude menos que salir corriendo a verme en el espejo… La vista de unas nalgas recién azotadas son inigualables… ¿O me equivoco?

viernes, 21 de septiembre de 2007

Cómo conocí a Rafa

Ayer comencé este blog contando cómo llegué a este mundo. Sin embargo, el spanking lo conocí de cerca desde hace poco menos de dos meses cuando conocí a Rafa.

No les he contado nada de él, la verdad es que tampoco lo conozco mucho... A veces pienso que tengo una idea de quién es y siempre me sorprende. Rafa tiene 28 años y obviamente tiene mucha más experiencia que yo en esto. Es un hombre espectacular con muchísimas cualidades aparte de ser mi spanker. Ya lo irán descubriendo...

Hace dos meses paseando por diversas páginas de internet concernientes al spanking me encontré con SIN
http://www.spankinginternet.com/ Me inscribí en la página y a los días tenía un mensaje de un spanker de Venezuela que me dio su correo. Tengo que admitir que nunca me comuniqué con alguien por internet para hablar de esto y la verdad tampoco quería porque no sabía qué clase de loco andaba por ahí. Sin embargo, pensé que no perdía nada con agregarlo al messenger y, si no me caía, con bloquearlo era suficiente... ¡Grave error de una principiante! Lo agregué al messenger mediante el cual podía acceder a mi perfil y a mi espacio donde podía ver, no sólo quién era, sino conocer muchísimas cosas del entorno en el que desenvuelvo. Además que en el correo que le envié estaban mis números tanto de mi casa como de mi celular. Ya sé que fue absoltamente irresponsable de mi parte y después me llevé un gran regaño por eso. Gracias a Dios, de todos los locos que me pude haber encontrado me encontré a Rafa, que es un hombre inteligente, divertido, decente y sobre todo un caballero.

Intercambiamos un par de e-mails y el 31 de julio hablamos por primera vez por messenger. Fue excelente porque ese día él estaba enfermo y se quedó en su casa y estuvimos hablando todo el día, no sé cuantas horas pasaron pero fueron muchas. Hablamos de nuestros gustos, de lo que nos gustaba y cómo veíamos el spanking. Ambos coincidimos con que el spanking en un estilo de vida y ahora que entré oficialmente en él, sé que es un estilo de vida que no quiero dejar.

Ese día tuvimos la primera sesión de spanking virtual. A partir de ahí comenzamos a hablar todos los días y empecé a ganarme castigos por malcriada. Tengo que decir que es una de mis peores cualidades... Soy muy malcriada, a veces al extremo.

Mis castigos eran a través de internet mientras él veía por la cámara cómo me pegaba con una cuchara de madera de la cocina. Él me iba diciendo cuantos azotes tenía que darme o cuanto tiempo tenía que quedarme mirando a la pared. Una de esas veces me pidió que buscara una silla con asiento de madera y que regara una taza de arroz sobre el asiento y me sentara sobre él. Debo confesar que a mí la experiencia no me molestó. Sin embargo, después me ordenó que me quedara arrodillada sobre el arroz... ¡Eso sí fue horrible! No sé cuanto tiempo estuve así pero puedo asegurar que fue bastante. Luego tenía morados en las rodillas... eso es algo que no le recomiendo a nadie. Aquella vez lo hice por sumisión y porque no sabía cuáles iban a ser las consecuencias, pero ahora no lo volvería a hacer y, después de que Rafa vio las consecuencias, dudo que se le ocurriría ordenarmelo.

Así estuvimos una semana mientras hablábamos de la posibilidad de conocernos (a lo que yo obviamente le tenía pánico). Ya para ese entonces él me había dado su correo oficial y no el que usa para conocer a gente en internet y ya había visto sus fotos y sabía más de él. Debo confesar que cuando vi sus fotos lo menos que me pareció fue un spanker. A pesar de sus 28 años parece menor y tiene cara de que no rompe un plato ¡Qué equivocada estaba! Además por algunos aspectos de su vida estuve molestandolo con ser un sifrinito (en México les llaman niños fresa). Lo que me ganó otro castigo: ¡Tenía que pedir permiso antes de salir de mi casa! Al principio siempre se me olvidaba y (despistada yo) hablando con él y siempre sin pensarlo le decía que había salido. Eso le molestaba mucho ya que decía que nada me costaba mandarle un mensaje al su celular, y tenía razón... Así que por eso y por varias malcriadeces más terminé con un castigo todos los días por una semana... algo bastante severo para quien sabe cómo es; y aunque la que me castigaba era yo misma, como él supervisaba mis castigos a través de la cámara no podían ser castigos muy light porque se daría cuenta.

A partir de eso empecé a preguntarme cómo sería un castigo real... tenía mucho miedo porque la verdad no sabía qué me podía esperar y empecé a hacerle muchas preguntas acerca de cómo sería un castigo si yo decidiera cambiar mis castigos virtuales toda la semana por uno sólo real... Me dijo que sería una buena cantidad de nalgadas OTK (para los que no entienden el término significa "sobre las rodillas" y es la abreviación de la frase Over The Knee en inglés) y 20 azotes con la correa. ¿La correa? Ya sabía que él es aficionado a este instrumento porque ya me lo había dicho pero realmente le tenía muchísimo miedo... aunque realmente no es que le haya dejado de temer, pero al menos ya sé a qué atenerme: es peor de lo que yo me imaginaba. También aclaramos ciertas cosas: Ambos sabemos que unas buenas nalgadas deben darse sin ropa interior, o al menos estando éstas a las rodillas; sin embargo por estarnos conociendo y por ser la primera vez me dijo que podría dejarmelas puestas.

Tambien acordamos algo que puede parecerle absurdo a mucha gente: Sería una relación exclusivamente de spanking disciplinario y no se involucraría el sexo. Él me prometió que no iba a haber sexo entre nosotros a menos que yo le levantara la promesa. Es algo que le he agradecido mucho aunque sé que no ha sido fácil ni para él ni para mí. Esta es una decisión muy polémica y entiendo que se puedan crear discusiones sobre el tema, pero en otro momento les explicaré mis razones.

Como Rafa es un caballero y entiende perfectamente mis miedos y mis límites me propuso invitarme a almorzar para que nos conocieramos en persona en un ambiente neutro y pudiésemos hablar de otras cosas, no sólo de nuestro gusto por el spanking. Así que decidimos conocernos y el 7 de agosto estábamos almorzando juntos. Después de cinco minutos hablando con él ya sabía que podía confiar en que no era un loquito... un sifrinito quizás jajajajaja (es broma) pero no era un pervertido de esos que andan por ahí. Al día siguiente fue mi primer castigo real...

De ese castigo les contaré en mi próxima entrada ya que tengo un relato que hice como tarea para Rafa. Lamentablemente y por alguna razón que todavía no entiendo perdí el archivo digital. Es que hace poco formateé la computadora y ese archivo no lo respaldé porque lo tenía en mi correo ya que me lo había enviado. Pero por alguna extraña razón no encuentro el mail... quizás lo borré por accidente. Por lo menos no está perdido del todo, Rafa lo tiene en papel, pero la idea de transcribir el relato me da mucho fastidio así que seguiré buscando. Sin embargo Rafa dice que le agradaría mucho la idea de ordenarme sentarme a transcribirlo después de una paliza lo que, como comprenderán, no me hace mucha gracia porque generalmente tengo muchos problemas para sentarme después de un castigo... Roguemos que encuentre ese archivo antes de que Rafa me ordene transcribirlo....

Saludos a todos y espero sus comentarios....

Ale

jueves, 20 de septiembre de 2007

Empezando a escribir

Había escuchado mucho de los blogs, he incluso he leído varios; Sin embargo nunca se me pasó por la cabeza escribir uno hasta que leí hace poco un blog de una pareja argentina que vive una relación de DD (léase disciplina doméstica). Lamentablemente María dejó de escribir en su blog hace más de un año y creo que hace falta alguien que cuente más. Además debo agradecerle muchísimo porque leer su blog fue un catalizador para mí y a través de él pude conocer más acerca de mis propios gustos sobre el spanking. Para los que estén interesados la página es http://spankingenargentina.blogspot.com La verdad es que la recomiendo aunque ya no hayan más entradas. ¡¡¡Quién sabe y María se anima a volver a escribir!!! (Sí, admito que copié su link y lo apliqué a Venezuela para abrir mi blog)

Pero comencemos por el principio: Me llamo Alejandra, soy venezolana, tengo 22 años y soy spankee. Por supuesto, como toda persona tiene gustos particulares, y mis inclinaciones se van más hacia es spanking disciplinario. Eso no quiere decir que no me gusta el spanking erótico, también lo disfruto pero creo firmente que una buena tunda debe ser dada como consecuencia de una falta real porque, al menos a mí, me produce mucha excitación el saber que me lo merezco.

Como es mi primera entrada me parece justo y necesario contar un poco cómo me inicié en esto:

Yo estoy convencida de que yo he sido spankee toda mi vida. A mí mis padres nunca me pegaron... una vez mi papá me dió una cachetada (o bofetada como se dice en otros países) y eso fue todo, además ya tenía como 12 años, por lo que estaba más grande y entendía mejor las cosas; pero jamás supe lo que eran unas nalgadas, ni el rincón ni ninguna de tantas consecuencias que se desprenden de un castigo. Mis castigos eran siempre el no dejarme salir a jugar con mis amigos de la urbanización o no poder ver televisión. Creo firmemente que en niños esta opción es mucho más efectiva que el castigo corporal porque nos duele más (psicológicamente claro!!)

El caso es que siempre sentí una gran atracción por el spanking. Todavía recuerdo vívidamente mi primer encuentro con una escena de spanking: Tenía 3 ó 4 años y estaba viendo la película de Disney: Pinocho. Las pocas veces que lo he contado la gente me mira raro "¿Pinocho? ¿Dónde tiene Pinocho una escena de spanking?" Sí la tiene... y la recuerdo perfecto a pesar de que llevo muchísimos años sin ver la película. Estuve buscando en internet alguna imagen que lo demostrara pero no la encontré :( Les describo la escena: Al principio cuando está Gepeto en el taller se hacen las 12:oo am y empiezan a sonar todos los relojes (recuerden que todo el taller está lleno de ellos) y se hace un paneo a través de ellos. Cada reloj tiene su manera de sonar y hay uno en el que está una botella rota en el piso y una señora sentada en una silla dándole nalgadas a un niño. No es broma... pueden ver la película si no me creen. Recuerdo que aún estando tan chiquita solía devolver una y otra vez esa parte en el Betamax lo cual molestaba bastante a mi hermana que no entendía por qué quería repetir y repetir la escena de los relojes sonando. Claro... para los que tienen edad para recordar el Betamax saben que para devolver una película había que sacarla y darle vueltas con la mano (O al menos eso hacía yo no sé por qué, tampoco recuerdo mucho, realmente estaba muy chiquita).

Luego de eso también vi una película cuyo nombre no recuerdo donde una señora le daba unos correazos a su hijo por alguna falta que tampoco recuerdo. Jamás se vio a la mujer pegándole al muchacho, sólo se escuchaban los golpes y luego el niño saliendo con lágrimas en los ojos. Y aún siendo tan joven solía fantasear una y otra vez con esas escenas. Así como esta hay muchas escenas que vi de chiquita y se me quedaron grabadas en la memoria. También sentía afición por escuchar los cuentos de mis amiguitos cuando decían cómo habían sido castigados por sus padres y la verdad hacía muchas preguntas.

Supongo que se preguntarán que por qué siendo tan chiquita no fui y se lo comenté directamente a mis papás. No sé... supongo que uno de niño no es tan tonto como se cree y a pesar de que me daba mucho morbo la situación (obviamente cuando uno es niño no entiende que lo que siente es morbo, eso lo entiende después) tampoco es que quería realmente que me pegaran.

Así fueron pasando los años y la fantasía siempre estuvo en mi cabeza... recuerdo que en más de una novela (sí, yo veía todas las novelas con mi mamá en la tarde) habían escenas donde siempre "el malo" dominaba y sometía a "la buena" por alguna razón y eso me excitaba mucho... recuerdo haber pensado que yo quería un hombre así como esposo cuando fuese grande. Sin embargo sólo recuerdo una escena de spanking en una novela. No recuerdo cual fue ni quién era el protagonista masculino. Sé que la actriz era Roxana Díaz (los venezolanos sabemos a qué actriz me refiero, aunque por otras cualidades aparte de la de la actuación). La situación era la siguiente: Ella había perdido la memoria (como cosa rara en las telenovelas) y no recordaba al esposo. Él, cansado del rechazo y la resistencia de su esposa decide colocarla sobre las rodillas y darle unas buenas nalgadas. No fueron muchas, debieron haber sido unas 4 ó 5 antes de que ella se levantara y le gritara mil y un insultos, pero fue suficiente para entender que eso era lo que yo quería. Para ese entonces estaba más grande y, por ende, con mayor entendimiento. Por supuesto, no por eso dejaba de sentir que estaba loca y jamás se lo conté a nadie.

No fue sino hasta los 17 años que me atreví a confesarle a alguien mis gustos. Se lo dije a mi novio sin saber qué esperar de él. Me daba mucho miedo su reacción pero la verdad teníamos la suficiente confianza como para comentar ese tipo de cosas, aunque eso no implique que no me haya dado muchísima pena. Claro que yo sólo le dije que siempre había querido que me dieran unas nalgadas. Al principio no le agradó mucho la idea pero lo hacía para complacerme. Me colocaba sobre sus rodillas y me daba unas cuantas nalgadas, no muy fuertes. Sin embargo, siempre se aburría rápido y decidía pasar a otros menesteres... Se convirtió en una especie de rutina... él sabía que a mí me excitaba muchísimo y si quería un buen desempeño en la cama de mi parte (que obviamente era muy seguido) sólo tenía que colocarme sobre sus rodillas y darme unas cuantas nalgadas para que yo ya estuviese más que lista. Recuerdo que una vez le dije que me pegara con un cinturón y me dijo que estaba loca y se negó... no volví a tocar el tema por un tiempo pero luego otra vez, y otra vez. Tanto se lo pedí que decidió hacerlo... me dio tres sin ganas y dijo que no podía porque sentía que me estaba haciendo daño. Me sentía algo frustrada pero, como no conocía otra cosa, no me molestaba tanto.


Hace dos años tuve otro novio al que también se lo confesé. Él fue más entusiasta con la idea y, como él entiende más de este mundo tecnológico que yo, fue cuando empezamos a entrar en páginas de spanking, a ver videos y a leer sobre el tema. Después me volví aficionada y me la pasaba leyendo hasta altas horas de la noche lo cual resultaba que me fuese imposible levantarme al día siguiente para ir a clases. De hecho llegué a perder una materia en la uni por inasistencia... ¡Qué horrible! Octavo semestre y vengo a clavar (reprobar) una materia por pervertida... porque a pesar de todo siempre me vi como una pervertida. Claro... eso se acabó cuando a mi novio se le fueron metiendo ideas extrañas en la cabeza como el bondage y choques eléctricos.... No critico a las personas que les gusta esas cosas y mucho menos sería capaz de juzgarlos... sencillamente no va conmigo y no es lo que me gusta. Sin embargo, tampoco encontraba lo que estaba buscando, si bien la relación de spanking era más aproximada a lo que realmente me gusta... no me terminaba de llenar del todo.

Explico: Obviamente los azotes tenían un motivo, a diferencia de con mi primer novio y ya se podría hablar de una paliza por la intensidad y la duración de la misma, pero como ocurre con cualquier persona que no sea spanker: se cansa rápido (Más rápido de lo que me gustaría) y prefiere pasar al sexo. Así que siempre me quedé con las ganas de más.

Ahora bien... ¿Abrí este blog para escribir sobre esas situaciones infructuosas y frustrantes? No. Lo abrí para contar mis experiencias recientes con Rafa, mi spanker, al que de hecho le voy a pedir que escriba de vez en cuando (aunque no sé si lo vaya a hacer) porque creo que también sería una buena oportunidad para conocer la otra cara de la moneda. El caso es que en él conseguí lo que estaba buscando.. y quizás hasta un poco más de lo que quería... jajajajaja

Lamentablemente la cabeza no me da para seguir escribiendo y realmente con esta entrada no prentendía más que presentarme y que me fuesen conociendo un poco. Ya habrá tiempo para ir contando experiencias y opiniones (siempre personales y, por ende, subjetivas) acerca del spanking. También me gustaría que la gente hiciese sus comentarios y compartiera conmigo sus opiniones. Jajajajaja quizás soy un bastante ilusa al esperar que se formen aquí foros como los que se formaban en el blog que les pasé al principio...

Un beso a todos...

Videos de Spanking